El peyote es un pequeño cactus sin espinas perteciente a la familia de las cactáceas originario de la región sur oriental de Norteamérica y del centro de México. Son cactus de crecimiento extremadamente lento, tardando entre 6 y 10 años en alcanzar la madurez. Sin embargo cultivándolo puede crecer más rápido.
Considerada especie en peligro de extinción por su lento crecimiento y la recolección masiva en su hábitat, el Peyote es el cactus alucinógeno que contiene un mayor número de alcaloides además de la mescalina. Estos otros alcaloides por sí solos no provocan un viaje enteogénico (aunque hay personas que afirman haber experimentado estos efectos); sin embargo, ingeridos en combinación con la mescalina, potencian los efectos de ésta. Esta planta, para muchos nativos norteamericanos, conlleva la habilidad de abandonar la existencia física para comunicarse con los espíritus, y “alcanzar la plenitud”.
Jonathan Ott expone en su Pharmacotheon:
Debido a que el Péyotl tiene un rango tan restringido, y el cactus requiere más de una década para madurar, el abastecimiento es naturalmente limitado. Debido al CITES [Convenio del registro internacional de especies en peligro de extinción] es ilegal traficar con cualquier especie de cactus silvestre, aunque la venta de material cultivado está permitida. [...] Sugiero que la “Native American Peyote Church” y la “Peyote Way Church of God” establezcan jardines de Trichocereus peruvianus en los Estados Unidos, como medio de asegurar un abastecimiento renovable, seguro y continuo de cactus sacramental para sus ritos, y quitar así la presión de la extinción de los remanentes silvestres del cactus peyótl en Texas. Tal vez los chamanes sudamericanos del San Pedro pudieran ser invitados a asistir en una integración sintética de las mitologías del San Pedro y el péyotl.
Mitchell tomó un extracto líquido de péyotl una tarde en 1896. Tras sentirse deliciosamente, en un estado de lánguido bienestar y de percibir formas similares al vidrio de color cuando cerraba los ojos, Mitchell entró en una habitación a oscuras. Allí experimentó visiones que le llevaron a hablar del péyotl al mundo. Más tarde relataría (Mitchell 1896):
Estrellas… películas de color flotando delicadamente… entonces un repentino torrente de incontables puntos de luz blanca cruzó el campo de visión, como si las miríadas ocultas de la Vía Láctea hubieran de fluir en un río centelleante ante mis ojos… líneas zigzagueantes de colores muy brillantes… Estos colores adquirieron entonces una forma reconocible… todos los colores que jamás he podido contemplar me parecen apagados comparado estos.
La historia cuenta que el pueblo Huichol tiene un dios que es de carácter maligno y aparte de eso era mortal, por lo que trataron de matarlo. éste huyó hacia el desierto y al huir dejó unas huellas ensangrentadas en las cuales nació este tipo de cactus. El pueblo Huichol tiene como penitencia un ritual anual, que consiste en buscar entre los iniciados, la tierra de los peyotes sagrados y deben ayunar y hacer meditación para pagar por haber herido al Dios Huichol.
En 1560 el franciscano español Bemardino de Sahagún fue el primero en escribir sobre esta planta (Sahagún 1950; Sahagún 1982):
Ay otra yerva que se llama peiotl… hazese hazia la parte del norte: los que la comen o beben ven visiones espantosas o de risas, dura este emborrachamiento dos o tres días y después se quita. Es como un manjar de los chichimecas que los mantiene y da ánimo para pelear y no tener miedo, ni sed ni hambre y dicen que los guarda de todo peligro.
El consumo de cactus enteógenos ha sido frecuente en muchas culturas en todo el mundo, como vehículo hacia una mejor y mayor percepción del entorno y del individuo en sí. El peyote, planta endémica del norte de México y sur de Estados Unidos ha sido utilizado durante miles de años por varios grupos indígenas en rituales de espiritualidad y como planta medicinal.


